martes, 28 de octubre de 2008

Take your time, vaquero (I)

Robert Ryan, Janet Leigh y Millard Mitchell en The naked spur.

Por Dennis Arita

Una característica de las películas del oeste norteamericano es la rapidez con que suceden los acontecimientos. Hacia el fin de la primera media hora de The naked spur, dirigida por Anthony Mann en 1953, ya hemos conocido los hábitos, las esperanzas, los temores y las pasiones de sus cinco protagonistas. En 30 minutos de magnífica sabiduría narrativa sabemos, por ejemplo, que James Stewart, típico bonachón de las películas hollywoodenses de los años 40, anda en busca de un criminal que ha evadido el largo brazo de la justicia y se ha refugiado en un inhóspito paraje de las Rocallosas para eludir a los cazarrecompensas que andan en busca de su cabeza, tasada en varios miles de buenos dólares del año 1800 y tantos; sabemos, además, que los motivos de Stewart no son tan sencillos ni tan legales como parecen.
En esa media hora se nos presenta al fugitivo Robert Ryan, un inteligente villano al que acompaña una muchacha huérfana, demasiado bonita para vagar por el desolado paisaje de las montañas. Conocemos a la muchacha, Janet Leigh, que tal vez esté enamorada de Ryan y que en cualquier caso, luego de la muerte violenta de su padre, encontró protección y quizá calor humano en un delincuente fugitivo. En fin, sabemos que Ralph Meeker, soldado de oficio, pícaro y vividor que por oscuras razones puede resultar hasta conmovedor, acaba de desertar de las filas del ejército confederado, y que el anciano Millard Mitchell ha andado meses recorriendo sin éxito los riachuelos de las serranías en busca de oro. Los tres, Mitchell, Meeker y Stewart, deben unirse para someter al astuto fugitivo.
A la velocidad inaudita de la narración de The naked spur la ayudan la fotografía espléndida y eficaz, la música trepidante y una técnica perfecta que emplea profusamente los fundidos para pasar sutilmente de una secuencia a otra. Mann, como otros maestros del western, John Ford y Budd Boeticher, por mencionar a dos, era adepto de la narración fluida, de las tomas que les sacan todo el provecho a los ángulos para describir en un solo campo una sicología y un ambiente sin detener jamás el primordial empuje narrativo del relato.
Empleé la palabra sicología aunque no parezca tener relación con los hábitos narrativos de Anthony Mann, que en sus filmes da la impresión de estar más interesado en contar hábilmente su historia de vaqueros traidores y aventureros o en demostrar su habilidad como paisajista que en retratar obsesiones, complejos o sentimientos de culpa, alimento acostumbrado de las claustrofóbicas películas de especialistas en la vida interior de personajes urbanos como Robert Siodmak y Douglas Sirk, directores alemanes adoptados por Hollywood. Sin embargo, la secuencia final de The naked spur bastará para saber hasta qué punto Mann era capaz de retratar conflictos internos sin olvidar en ningún momento su vocación de narrador entretenido y eficaz.
Esto ocurre en la secuencia final. Después de muchas atropelladas aventuras, la larga vagancia por las montañas y del juego de voluntades y ambiciones al que el malvado fugitivo somete a sus tres inesperados custodios, los únicos sobrevivientes de la odisea, Stewart y la muchacha, se encuentran con un dilema: ¿será posible cobrar la recompensa sin ser víctimas de los remordimientos? No se trata de moralidad o de ética, porque esas palabras son demasiado pomposas para aplicárselas a un par de criaturas del rudo oeste. Además, como era inevitable, se han enamorado uno del otro, así que el remordimiento por cobrar un dinero manchado de sangre arruinará su relación o, por mejor decir, la truncará cuando ni siquiera ha comenzado. Con una brillante elipsis, Mann describe el conflicto de Stewart: mientras arrastra el cuerpo del fugitivo, la cámara nunca abandona su rostro que pasa de la resolución a la duda y al temor y luego a la resignación cuando entiende que quiere demasiado a la muchacha huérfana y, al final, se queda en una especie de mueca de melancólica alegría cuando se da cuenta de que tendrá que comenzar desde la nada y que en su frenética aventura en busca de riqueza no encontró más que el amor.
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2 comentarios:

Raúl Sánchez Quiles dijo...

El blog es precioso, hay unas imágenes impresionantes. Pronto lo analizaré con más detenimiento.

Ahora sólo te pido 20 segundos de tu vida para que leas alguna de las historias de http://www.hiperbreve.blogspot.com Quiero lectores críticos que dejen sus comentarios y, si crees que merezco un voto, pues adelante.

Hiperbreves S.A. en la categoría de ficción.

Básicamente nadie dijo...

¿Dennis, dónde puedo comprar su libro? Salió hoy en la prensa pero no decía en cual librería lo vendían...